LA PROYECCIÓN DEL SOMETIMIENTO

(Publicado como artículo de opinión en la publicación antipatriarcal AK-69 nº4)

White women who dominate feminist discourse,

who for the most part make and articulate feminist theory,

have little or no understanding of white supremacy as a racial politic,

of the psychological impact of class, of their political status

within a racist, sexist, capitalist state.

“Feminist theory: From margin to center”, Bell Hooks

Los feminismos etno/androcentristas han heredado del patriarcado occidental sus ínfulas de poder. Alargan sus sucios dedos por territorios que le son ajenos; tratando de colonizar otros lares y tutelar otros cuerpos. Estos feminismos (que a menudo son institucionalizados y pertenecen a clases pudientes) se yerguen ante el resto de las culturas (nativas o no) autodefiniéndose como liberadores, ofreciendo una visión sesgada, por su propia perspectiva, de la manumisión femenina, así como de las disidencias de género o las relaciones articuladas fuera de la heteronormatividad. Son los mismos feminismos que consideran un éxito alcanzar los lugares de dominio que tradicionalmente han pertenecido al “hombre blanco”, en vez de desarrollar su particular recorrido de paso y abolir las relaciones de sometimiento, cualesquiera que sean.

Desde dicho emplazamiento, se repite a menudo la concepción de que quienes socializan como mujeres[i] al margen del mismo no son capaces de reconocer por sí solas las estructuras de poder que las oprimen. Representan en este caso meros objetos de estudio y compasión, a quienes decirles que otrxs saben mejor que ellas qué han de hacer de sus propias luchas y de sus vidas, sus creencias, sus anhelos. Se reproduce así algo similar a lo que nosotrxs mismxs sufrimos, pero desde una ubicación distinta; pues se intentan homogeneizar las reivindicaciones, tratar de que todxs ignoren las necesidades propias de su posición dando por hecho que son las mismas que las nuestras. Es decir; hay quien usa como referente la opresión padecida para ejercer presión sobre colectivos junto con los que luchamos, pero a los que no pertenecemos, además de tomarse la libertad de hablar en su nombre y copar sus discursos. Podemos haber convivido con estos lo suficiente como para entenderlos, pero su situación no nos es inherente.

Si las reflexiones en torno a las identidades feministas pretenden ser interseccionales, necesitan partir de los distintos núcleos que las articulan, analizar cómo se conforman las disertaciones hegemónicas, intentando evitar la perpetuación de sus incoherencias, que son las mismas que desencadenan las disputas en que estamos inmersxs[ii]. Hay que reconocer la labor e independencia de los sectores sociales que hasta ahora han sido contenidos; pues no necesitan el permiso ni el asentimiento de quienes han socializado lejos de sus entrañas y que, además, no han sido “racializados”[iii].

No somos hacedorxs de verdades inmutables, así que animo a una reflexión más profunda a quien, desde una superioridad moral sentida, trata de robar (de manera discreta y “por su bien”) la filiación a las personas que se ubican en otro margen del plano, y por lo tanto parten de un punto distinto. Esa referencia espacial que nos distingue a unxs de otrxs enlaza una variable infinita de puntos de partida, desarrollos y estrategias de las luchas, creación de objetivos, y caminos transitados. Se trata de una expropiación cultural e identitaria aprendida por repetición de los colonialismos occidentales, aunque no siempre con conciencia expresa. Borrar el contexto histórico, social y cultural de otras comunidades con el fin estandarizar las luchas feministas probablemente sólo lleve volverlas grises, carentes de sentido para el grueso de las colectividades que las forman y, finalmente, hacerlas inocuas provocando la pérdida de una fuerza que necesitamos, todxs, para seguir adelante. Cuantos más frentes de batalla mantengamos abiertos, más difícil será hacernos orbitar en torno al centro de gravedad heteropatriarcal, para terminar siendo absorbidas por el mismo.

Por lo tanto, urge por parte de ciertos grupos abandonar su soliloquio. Tener en cuenta todas las voces, sí, pero sin ocupar sus lugares, desplazándolas y silenciándolas ad nauseam; si no formando amplias redes de solidaridad en las que todxs tengan cabida y un lugar desde el que comunicar sus querencias. Nuestras contiendas se libran en la misma guerra, sí, pero hay que dejar de fingir que son iguales.

[i] Aquí también se podría hacer referencia a otros colectivos oprimidos por diversos motivos (LGTBI, géneros fluídos, no binarios, agéneros, asexuales, especies no humanas, …), que se obvian en el texto por síntesis, así como para facilitar su lectura.

[ii] Ochy Curiel, “Otras miradas”, Vol 002, nº2, 2004.

[iii] Te pueden interesar autoras y/o activistas como: Audre Lorde, Martha Sánchez, Bell Hooks, Patricia Troncoso, Epcy Campbell, Georgina Méndez Torres, Judith Butler, Sergia Galván,…

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