LA FOTOGRAFÍA INQUIETA

LA FOTOGRAFÍA INQUIETA (Artículo incluido en el nº1 de AKA-69, revista de crítica antipatriarcal)

Sólo creo en lo que yo quiero- Claude Cahun

Judía de nacimiento, antifascista por convicción, y  fotógrafa por necesidad[1]. Lucy Schwob pasó a ser Claude Cahun, e instrumentalizó el surrealismo contra sí mismo; rompiendo con la reproducción del esquema musa/modelo/amante que tanto obsesionó a los vanguardistas que le eran contemporáneos, y que ocupa parte importante de todas las prácticas artísticas a lo largo de la historia. Utilizó lo único que le era propio, su cuerpo, como sujeto y objeto desde el que poner en tela de juicio incluso a un feminismo que ya entonces se aburguesaba y servía (con o sin intención) de mamporrero para el patriarcado. Un feminismo que terminó siendo absorbido y usado para reforzar la construcción de roles de género como medio de control social y antepuso lo que consideró urgente a lo esencial. Quizá sea por eso que no pudo, o no supo, analizar la profunda naturaleza de la opresión de la mujer y, por tanto, definir mejores estrategias para acabar con ella[2]. No es que las luchas que se llevaran a cabo por estos movimientos no fueran lícitas, sino que sólo podemos considerarlas como tal si nuestra crítica se ve limitada por la feminidad, con la masculinidad como modelo reproducible y objetivo de la misma (hablando de dichos términos desde la visión impuesta por el sistema, y estrictamente de las luchas feministas que podríamos considerar “institucionalizadas”[3]). En este sentido; Cahun trascendió las fronteras del género, transfigurando su identidad en una verdad variable, polimorfa e indeterminada. Hizo de su piel el campo de batalla, el escenario de cambio con la autonomía como telón de fondo; en el que convertir su obra en un rotundo QUE OS JODAN.

A lo largo de toda su vida literaria y fotográfica (o al menos de la que queda, ya que la Gestapo destruyó buena parte de esta al detenerle en 1944[4]), buscó desvincularse del género femenino que se le asignó al nacer por una cuestión de sexo. Se identificó como perteneciente al género neutro: el único que, según ella misma, siempre le sentaba bien[5]. Así, aprovechó la intimidad de su estudio para producirse a sí misma cada vez. Captó en plenos años 20 su disconformidad con el yugo que se le había impuesto, y es esto lo que nos permite un siglo después contemplar sus imágenes para terminar entendiendo que, aunque la perspectiva temporal ha cambiado, el dominio de nuestros cuerpos e identidades por parte del poder apenas se ha modificado desde entonces.

La fotografía es precisamente, desde su aparición en el siglo XIX pero sobre todo desde inicios del XX[6], el medio que las “autoridades” han usado insistentemente para fijar en el inconsciente colectivo la imagen de quiénes debemos aspirar ser, y no tanto una muestra de quienes somos. La eficacia de este recurso viene dada por la capacidad que tienen las instantáneas para convencer al público de que lo que se observa es una “realidad objetiva”, al posicionar lo expuesto en el plano de lo que es y está presente. A la vez, la fotografía también permite crear una ilusión de cambio (las modas, los colores, los puntos de vista del encuadre,..), aunque su contenido permanezca imperturbable ante el paso del tiempo. Es por eso que resultó ser un instrumento mucho más útil que la pintura o la ilustración como orientador del deseo, como generador de anhelos identitarios, con los que determinar los entramados sociales que nutren al sistema y se ocupan de perpetuar su hegemonía aún a día de hoy. Así que el hecho de que Cahun eligiera este soporte como uno de los pilares sobre los que construir su discurso no tiene por qué ser casualidad; pudiera ser una decisión meditada y consciente. Pues si la imagen fija servía como herramienta de opresión más o menos sutil, podía asimismo contener suficiente potencial subversivo que le permitiera ser usada como elemento liberador.

Claude se emancipó de la imagen desde la imagen. Sin negar la existencia del género, prefirió no decantarse por ninguno; no se conformó con la idea que se tenía concebida para la piel que le fue dada, aún antes de nacer. Y es que quiso dejar desierto el hueco que el mundo tenía preparado para ella y luchar uno nuevo.

Tuvo la voluntad de que su obra fuese vista y perdurase. Probablemente a sabiendas de que el camino era duro y sería largo, como demuestra la herida que, una vez más, se abre al ver su rostro detenido a plena luz.

cc22

 

 

Isabel L. Vives, Diciembre 2014

[1] Las referencias a Claude Cahun se harán en femenino para facilitar la lectura y

comprensión del texto.

[2] Willful Disobedience, Vol.2, No. 8

[3] Se hace aquí alusión a los movimientos que se enmarcan dentro de la llamada

“Primera ola del feminismo” o “Segunda fase feminista” en el contexto europeo.

[4] Claude Cahun llevó a cabo diversas acciones junto a su compañera contra las fuerzas

nazis, entre otras  hacerse pasar ante las tropas alemanas de ocupación durante la

II Guerra Mundial por una unidad de resistencia al imprimir miles de octavillas donde

llamaban a la  insurrección, haciéndoles creer que se encontraban frente a una verdadera

ofensiva en su contra, lo que las  llevó  en 1944 a ser arrestadas, torturadas y

condenadas  a muerte por la Gestapo (aunque fueron liberadas antes de que esta

sentencia se hiciera efectiva).

[5] Reading Claude Cahun’s Disavowals, Jennifer L.  Shaw (2013)

[6] Es entonces cuando se generaliza el uso de la fotografía en la publicidad comercial y gubernamental en occidente